miércoles, 24 de enero de 2018

VIOLENCIA CONTRA LA MUJER.

Camila Barría y Camila Vargas.

Según la OMS (2017), la violencia de género es una de las formas más comunes de violencia, con estadísticas marcadas hacia la mujer y ésta es infligida por su cónyuge, pareja o por prácticas sociales colectivas aceptadas implícitamente.

La violencia se puede dar en diferentes contextos. La violencia es perjudicial para la vida, la integridad física y psicológica, y la libertad de los otros miembros de la familia.

Las investigaciones indican que las conductas violentas se pueden atribuir a diversos factores, uno de ellos podría ser el constructo patriarcal, conocimiento que se ha transmitido transgeneracionalmente, existiendo la creencia de que el hombre posee autoridad y control hacia la mujer (Reguant, 2007).

Otro factor que incide, tendría relación con el tipo de personalidad que manifiestan hombres y mujeres, ya que, al observar en el hombre características de personalidad dominante e impulsivo, la mujer tiende a adaptarse a ese funcionamiento familiar, existiendo evidencia teórica que logra dar cuenta que hombres y mujeres que comparten dinámica familiar de violencia actual, pertenecieron a hogares con dificultades importantes en sus relaciones interpersonales (Diez, 2015).

Los hombres que han ejercido violencia, manifiestan patrones conductuales de superioridad, asociado a creencias que la mujer es inferior a él y que no posee las mismas capacidades. A estas características comportamentales, subyacen actitudes de inseguridad en la figura masculina (Consejería de Familia e Igualdad de Oportunidades, 2017).

Frente a la problemática social de la violencia de género, el trastorno de personalidad que se ha observado con una mayor presencia es el trastorno narcisista, caracterizado por una necesidad de admiración y una escasa empatía hacia los otros (Diez, 2015).

La mujer cuando es víctima de violencia, intenta desarrollar recursos y mecanismos personales para brindar seguridad a sus hijos y hacia ella misma. Algunas mujeres utilizan como estrategias de afrontamiento el silencio, huyen de sus hogares, generan estrategias de autoprotección, con la finalidad de encontrar tranquilidad y propiciar bienestar a sus hijos (Consejería de Familia e Igualdad de Oportunidades, 2017).

Las mujeres que han sido expuestas a violencia viven en una constante inseguridad de que en cualquier momento podrían sufrir una supuesta agresión por parte de su pareja. Estas mujeres han construido un importante sentimiento de inferioridad, desarrollando una percepción de desesperanza aprendida, creyendo que no hay forma de salir de ese círculo de violencia en el cual se encuentran, además existe una tendencia a minimizar las conductas de violencia que su pareja o cónyuge ejerce hacia ella. Las víctimas de violencia han generado dependencia emocional y económica hacia sus agresores normalizando y aceptando su manera de convivir.

La violencia de género es considerada como un acto sexista que se ha mantenido durante décadas y la cual parece no disminuir, incluso las estadísticas muestran un aumento en el porcentaje de mujeres violentadas por sus parejas y exparejas. La violencia hacia la mujer es algo real, la cual se acepta como natural en nuestra sociedad machista y misógina.

Se dice que las diferencias de género no son algo innato, sino que son aprendidas a través de la cultura y que éstas se normalizan mediante la socialización de estas (Fundación Paz Ciudadana, 2011).

Muchas mujeres no denuncian las agresiones de las cuales son víctimas, los motivos por los cuales se mantiene en silencio la vulneración, se caracteriza por miedo, vergüenza, debilidad, inseguridad, hijos, dependencia económica, ausencia de redes de apoyo, desconocimiento, creyendo que ellas no tienen las mismas posibilidades que los hombres, propiciándose así círculos de violencia intrafamiliar (Reguant, 2017).

Finalmente, estas mujeres se sienten vulnerables e inseguras al interior de la sociedad, sin embargo, hay centros de ayuda que proporciona el Estado para poder denunciar estos hechos y recibir apoyo terapéutico a las víctimas y sus hijos. Hay que dejar en claro que esto no hay que normalizarlo, permaneciendo atentos a las pequeñas señales de violencia que se presenten para actuar de inmediato. Por último, buscar apoyo dentro del círculo familiar, amigos y otras instituciones, de modo que se pueda salir de esta situación.

Referencias Bibliográficas.
Consejería de Familia e Igualdad de Oportunidades (2017). Manual de apoyo para la intervención psicológica con víctimas de violencia de género. Recuperado de www.familia.jcyl.es/

Diez, C. (2015). Impacto de la violencia de género en los hijos e hijas adolescentes en grave
riesgo psicosocial: apego, estilos de crianza y disfunciones psíquicas. (Tesis Doctoral. Universidad de Oviedo, España), Recuperado de http://digibuo.uniovi.es/dspace/bitstream/10651/37470/1/TD_CristinaDiezFernandez.pdf

Fundación Paz Ciudadana (2011). Sexto congreso nacional de investigación sobre violencia y delincuencia. Recuperado de http://www.pazciudadana.cl/wp-content/uploads/2013/07/2011-07-12_Sexto-Congreso-Nacional-de-Investigaci%C3%83%C2%B3n-sobre-Violencia-y-Delincuencia.pdf

Organización Mundial de la Salud (2017). Violencia contra la mujer. Recuperado de http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs239/es/

Reguant, D. (26 de diciembre, 2017). ¿Qué es el patriarcado?. Insurgencia Magisterial. Recuperado de (http://insurgenciamagisterial.com/que-es-el-patriarcado/)

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