Actualmente, la
sociedad vive en una inmediatez constante; en la que todo se desea de
manera rápida, no se cultiva la tolerancia a la frustración, y se
valora más la imagen que se da a conocer en redes sociales. Existe
una gran necesidad por cambiar continuamente la tecnología y los
vínculos afectivos que se han creado entre las personas. Sin
embargo, ¿de qué manera se puede explicar el fenómeno social del
siglo XXI? El filósofo y sociólogo polaco, Zygmunt Bauman, explica
dicho fenómeno a través del concepto de modernidad líquida, y cómo
se representa en el comportamiento de los sujetos actualmente.
Una de las metáforas
más importantes para entender al mundo actual, consiste en la
comparación de dos fenómenos transitorios: la modernidad y la
postmodernidad; lo que Bauman categorizó como “modernidad sólida”
y “modernidad líquida”, respectivamente. El primer concepto,
consiste en la definición total de las particularidades como un
elemento firme y fuerte, en donde la constante preocupación por el
orden establecido en la sociedad, la división de trabajo, y los
valores inamovibles son característicos de una modernidad sólida.
En cambio, el segundo concepto, se caracteriza por el continuo fluir
de los elementos líquidos; los que podemos observar en la sociedad
como los nuevos poderes globales, la privatización, el trabajo
inestable, el individualismo, y el consumismo. Dicho de otro modo,
En lenguaje simple,
todas estas características de los fluidos implican que los
líquidos, a diferencia de los sólidos, no conservan fácilmente su
forma. Los fluidos, por así decirlo, no se fijan al espacio ni se
atan al tiempo. En tanto los sólidos tienen una clara dimensión
espacial, pero neutralizan el impacto y disminuyen la significación
del tiempo (resisten efectivamente su flujo o lo vuelven
irrelevante), los fluidos no conservan una forma durante mucho tiempo
y están constantemente dispuestos (y proclives) a cambiarla; por
consiguiente, para ellos lo que cuenta es el flujo del tiempo más
que el espacio que puedan ocupar: ese espacio que, después de todo,
sólo llenan “por un momento” (Bauman, 2000, p.8)
Sin embargo, el
individualismo que se vive actualmente en la modernidad líquida, se
remite a una característica obligada en la sociedad; debido a la
desconfianza que ha surgido entre las personas, y el temor de
considerar un futuro impredecible.
Actualmente, las relaciones afectivas de
las personas se definen como un amor líquido, en la que sólo existe
un acercamiento inmediato entre los sujetos modernos; además, el
amor romántico y de películas ya quedó en el pasado. En esta
sociedad de la inmediatez, se obtiene todo de manera veloz, por lo
que ya no existe tiempo para generar un vínculo afectivo de calidad
con los demás. Sin embargo, en el siglo XXI se busca un vínculo
efímero, inmediato, y líquido, que cumpla con las necesidades del
individuo, debido a que todo se requiere de manera vertiginosa. De
esta manera, se ha ido olvidando la comunicación, las emociones, los
espacios familiares, y las relaciones socioafectivas, pues todo se
mueve rápidamente; por lo que en los hogares todo es producción. El
individualismo prima en la actualidad, siendo el sujeto quien busca
satisfacer sus propias necesidades de la manera más inmediata
posible, relacionándose de manera superficial con el prójimo sólo
para satisfacerse a sí mismo, pero sin establecer un vínculo de
apego.
Referencias
Bibliográficas.
Bauman,
Z. (2000). Modernidad
Líquida.
Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.