miércoles, 24 de enero de 2018

INTRODUCCIÓN A LA MODERNIDAD LÍQUIDA.

Camila Miranda y Katherine Rodríguez.

Actualmente, la sociedad vive en una inmediatez constante; en la que todo se desea de manera rápida, no se cultiva la tolerancia a la frustración, y se valora más la imagen que se da a conocer en redes sociales. Existe una gran necesidad por cambiar continuamente la tecnología y los vínculos afectivos que se han creado entre las personas. Sin embargo, ¿de qué manera se puede explicar el fenómeno social del siglo XXI? El filósofo y sociólogo polaco, Zygmunt Bauman, explica dicho fenómeno a través del concepto de modernidad líquida, y cómo se representa en el comportamiento de los sujetos actualmente.
Una de las metáforas más importantes para entender al mundo actual, consiste en la comparación de dos fenómenos transitorios: la modernidad y la postmodernidad; lo que Bauman categorizó como “modernidad sólida” y “modernidad líquida”, respectivamente. El primer concepto, consiste en la definición total de las particularidades como un elemento firme y fuerte, en donde la constante preocupación por el orden establecido en la sociedad, la división de trabajo, y los valores inamovibles son característicos de una modernidad sólida. En cambio, el segundo concepto, se caracteriza por el continuo fluir de los elementos líquidos; los que podemos observar en la sociedad como los nuevos poderes globales, la privatización, el trabajo inestable, el individualismo, y el consumismo. Dicho de otro modo,
En lenguaje simple, todas estas características de los fluidos implican que los líquidos, a diferencia de los sólidos, no conservan fácilmente su forma. Los fluidos, por así decirlo, no se fijan al espacio ni se atan al tiempo. En tanto los sólidos tienen una clara dimensión espacial, pero neutralizan el impacto y disminuyen la significación del tiempo (resisten efectivamente su flujo o lo vuelven irrelevante), los fluidos no conservan una forma durante mucho tiempo y están constantemente dispuestos (y proclives) a cambiarla; por consiguiente, para ellos lo que cuenta es el flujo del tiempo más que el espacio que puedan ocupar: ese espacio que, después de todo, sólo llenan “por un momento” (Bauman, 2000, p.8)
Sin embargo, el individualismo que se vive actualmente en la modernidad líquida, se remite a una característica obligada en la sociedad; debido a la desconfianza que ha surgido entre las personas, y el temor de considerar un futuro impredecible.
Actualmente, las relaciones afectivas de las personas se definen como un amor líquido, en la que sólo existe un acercamiento inmediato entre los sujetos modernos; además, el amor romántico y de películas ya quedó en el pasado. En esta sociedad de la inmediatez, se obtiene todo de manera veloz, por lo que ya no existe tiempo para generar un vínculo afectivo de calidad con los demás. Sin embargo, en el siglo XXI se busca un vínculo efímero, inmediato, y líquido, que cumpla con las necesidades del individuo, debido a que todo se requiere de manera vertiginosa. De esta manera, se ha ido olvidando la comunicación, las emociones, los espacios familiares, y las relaciones socioafectivas, pues todo se mueve rápidamente; por lo que en los hogares todo es producción. El individualismo prima en la actualidad, siendo el sujeto quien busca satisfacer sus propias necesidades de la manera más inmediata posible, relacionándose de manera superficial con el prójimo sólo para satisfacerse a sí mismo, pero sin establecer un vínculo de apego.
Referencias Bibliográficas.
Bauman, Z. (2000). Modernidad Líquida. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica. 

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