Hace un par de días que se llevaron a cabo las elecciones parlamentarias en nuestro país y que se puso en práctica el Método d'Hondt para distribuir escaños entre los candidatos más votados por distrito y circunscripción. El problema con el nuevo método, que reemplaza al antiguo sistema binominal, es que vuelve a repetir vicios de este último. Dos ejemplos notables son las derrotas de Alberto Mayol y Fernando Atria pese a reunir una mayor cantidad de votos que algunos de sus contrincantes que ganaron las respectivas diputaciones. Algunos académicos universitarios han defendido este nuevo método argumentando que impide aventuras personales y obliga a los candidatos a generar propuestas colectivas. No obstante, el reverso de esta afirmación es una censura "ilustrada" sobre la voluntad popular si acaso se le ocurre inclinar su votación por una candidatura individual. Sin consulta a esta voluntad los especialistas se encargan de protegerla de caer en las redes de un candidato que se le ocurra aventurarse individualmente a algún cargo parlamentario. Este método asume de antemano que no puede dejarse en total libertad a la voluntad popular, puesto que permitirlo comportaría un peligro que ella misma no estaría en condiciones de anticipar. En buenas cuentas este método asume que dicha voluntad es ignorante y su ignorancia es peligrosa para ella misma.
Básicamente el método d'Hondt obliga a las candidaturas individuales a presentarse agrupadas en listas parlamentarias. Una vez producida la votación se suma el total de votos de cada una de las listas. Luego, dependiendo de la cantidad de escaños del distrito o circunscripción por los que compiten, ellas van dividiendo sus votaciones totales por esa misma cantidad. Por ejemplo, si la lista A y la lista B compiten por el distrito x y este tiene 4 escaños para diputados, tendrán que ir dividiendo sus totales de votos por 1, después por 2, después por 3 y por último por 4. Si en la división por 1 la lista A tiene más votos que la lista B, su candidato más votado se queda con ese escaño. Este mismo ejercicio se sigue repitiendo con el resto de las divisiones. No obstante, cuando compiten por esa misma cantidad de escaños 6 listas, por ejemplo, las que correrán con ventaja serán aquellas que más votos acumulen, es decir aquellas que más candidatos lleven. El sistema d'Hondt, por tanto, estimula la construcción de listas masivas en número de candidatos para obtener la mayor cantidad de votos posibles. Una de sus consecuencias más evidentes son las enormes papeletas de votación.
El nuevo método de asignación de escaños parlamentarios, a partir de lo anteriormente descrito, se descubre como una técnica matemática de conservación de poder de los partidos por sobre la voluntad popular. Al favorecer listas antes que candidatos, el método d'Hondt asume que la soberanía radica directamente en la comunidad de políticos profesionales antes que en el pueblo que los vota. Este último, en la práctica, es tratado como un mero insumo matemático de legitimación del poder de los partidos. Además, opera como una forma de contensión tecnocrática a eventuales exabruptos populares que pongan en peligro sus intereses, castigando candidaturas independientes que vayan por fuera. Ahora bien, junto a la legitimación de estos grupos a través de la instrumentalización de los votos, también está la legitimación que prestan los científicos sociales a este nuevo método, muy especialmente académicos universitarios dedicados a la ciencia política. Esta segunda legitimación se funda en una pretensión de saber que es capaz de administrar la soberanía popular con mayor eficacia que la propia voluntad popular, en una de las tantas reediciones contemporáneas de ese viejo despotismo ilustrado que aún goza de buena salud. Esa administración en la práctica se ejerce mediante fórmulas matemáticas que sustituyen autoritariamente el proceso de deliberación democrático. Finalmente, la relación entre ambas formas de legitimación es de subordinación de esta última a la primera o, para decirlo más claramente, de la administración científica de la soberanía a los intereses de las comunidades políticas profesionales. Esta relación de poder entre la voluntad popular, los intereses partidistas y la administración científica convierte al nuevo sistema d'Hondt en un sistema básicamente antidemocrático.
No hay comentarios:
Publicar un comentario